domingo, 7 de diciembre de 2008

Gandini, Alberdi y otras rarezas







Incluso cuando muchos no se hayan siquiera enterado, en el año 2005 la Biblioteca Nacional abrió a la consulta del público su archivo de partituras, integrado por un estimado de más de 300.000 piezas, que fueron afectadas a un necesario y tantas veces demorado trabajo de inventario.

Se habilitó una sala de lectura y consulta especial en el tercer piso del edificio, ubicado en Aguero 2502, y otra reservada a los trabajos de curaduría. Con bastante buen criterio, estas salas fueron bautizadas con los nombres de Juan Carlos Paz y Gustavo Cuchi Leguizamón.

La mayor parte de las partituras que conservaba la Biblioteca corresponden a trabajos de compositores argentinos y/o rioplatenses, y sencillamente nadie sabía que se encontraban allí, como agujas perdidas en un inmenso pajar. Un pajar repleto de agujas, si se quiere. Pero entre tantas que había, resultaba imposible llegar a encontrar una en particular.

El trabajo de inventariado desembocó en un segundo proyecto: se convocó a músicos de diferentes géneros para que interpretasen en vivo algunas de las obras encontradas, en el marco de un ciclo que llevó el título de Raras partituras. Finalmente, el sello Epsa Music decidió editar en disco una selección de esas lecturas, con un volumen dedicado al tango, otro al folclore y un tercero (en rigor identificado como Volumen 2) integrado por un conjunto de piezas para piano solo.

Con un criterio de selección algo ecléctico (observación que no merece ser leída como un comentario crítico), el último disco referido abre con cinco interpretaciones de Gerardo Gandini, tres de las cuales son valses de Juan Bautista Alberdi, más conocido como gestor de nuestra Constitución Nacional que como músico, en tanto las restantes dos son piezas tomadas del Primer Cuaderno de Aires Nacionales Argentinos de Julián Aguirre. Como dato de color, cabe citar que los valses de Alberdi fueron publicados en su momento en una revista llamada La Moda, una publicación de corte satírico, precursora de la crítica cultural en el país. Nicolás Guerschberg se hace cargo de dos tangos de Eduardo Rovira y Joaquín Mora, en tanto Diego Schissi hace lo propio con dos partituras de los hermanos Julio y Francisco de Caro. Ernesto Jodos toma cuatro piezas de Alberto Williams, del ciclo Aires de la pampa, aclarándose que se trata de una versión libre, acorde a la formación jazzística de este intérprete. Finalmente, Lito Vitale interpreta la Estrellita federal de Ernesto de los Santos, en tanto Carlos Aguirre rescata la Ronda del pececillo de plata de Salvador Axenfeld.

Hubo quienes no vieron con buenos ojos que un registro de estas características, ligado al recupero de un acervo musical importantísimo, como éste que la Biblioteca Nacional puso finalmente a disposición del público, incluyera una lectura tan libre como jazzeada de piezas de un compositor académico como Williams. Pero esta es una cuestión de concepto. Habrá quienes piensen que la música escrita debe ser respetada al pie de la letra y quienes, por el contrario, tengan una mirada más dinámica y abierta sobre el particular. En cualquiera de los dos casos, lo relevante aquí es que esas partituras no se hayan perdido, y que hoy estén allí, al alcance de quien desee consultarlas, para tocarlas luego, ya sea que lo haga literalmente o con los giros estilísticos que desee.

Y ojalá todo esto sea no más que el puntapié inicial de una tendencia que eche profundas raíces en nuestra idiosincracia cultural.

En la muestra de audio que incluimos de esta edición, pueden escucharse dos valses de Alberdi grabados por Gandini (el primero titulado La candorosa y el otro sin título, identificado como Vals I) y la versión que de Zambas Op. 78 Nº 3 de Alberto Williams grabó Ernesto Jodos.

1 comentario:

cris dijo...

Muchas gracias por los aportes.
Cristina García