domingo, 7 de diciembre de 2008

Gandini, Alberdi y otras rarezas







Incluso cuando muchos no se hayan siquiera enterado, en el año 2005 la Biblioteca Nacional abrió a la consulta del público su archivo de partituras, integrado por un estimado de más de 300.000 piezas, que fueron afectadas a un necesario y tantas veces demorado trabajo de inventario.

Se habilitó una sala de lectura y consulta especial en el tercer piso del edificio, ubicado en Aguero 2502, y otra reservada a los trabajos de curaduría. Con bastante buen criterio, estas salas fueron bautizadas con los nombres de Juan Carlos Paz y Gustavo Cuchi Leguizamón.

La mayor parte de las partituras que conservaba la Biblioteca corresponden a trabajos de compositores argentinos y/o rioplatenses, y sencillamente nadie sabía que se encontraban allí, como agujas perdidas en un inmenso pajar. Un pajar repleto de agujas, si se quiere. Pero entre tantas que había, resultaba imposible llegar a encontrar una en particular.

El trabajo de inventariado desembocó en un segundo proyecto: se convocó a músicos de diferentes géneros para que interpretasen en vivo algunas de las obras encontradas, en el marco de un ciclo que llevó el título de Raras partituras. Finalmente, el sello Epsa Music decidió editar en disco una selección de esas lecturas, con un volumen dedicado al tango, otro al folclore y un tercero (en rigor identificado como Volumen 2) integrado por un conjunto de piezas para piano solo.

Con un criterio de selección algo ecléctico (observación que no merece ser leída como un comentario crítico), el último disco referido abre con cinco interpretaciones de Gerardo Gandini, tres de las cuales son valses de Juan Bautista Alberdi, más conocido como gestor de nuestra Constitución Nacional que como músico, en tanto las restantes dos son piezas tomadas del Primer Cuaderno de Aires Nacionales Argentinos de Julián Aguirre. Como dato de color, cabe citar que los valses de Alberdi fueron publicados en su momento en una revista llamada La Moda, una publicación de corte satírico, precursora de la crítica cultural en el país. Nicolás Guerschberg se hace cargo de dos tangos de Eduardo Rovira y Joaquín Mora, en tanto Diego Schissi hace lo propio con dos partituras de los hermanos Julio y Francisco de Caro. Ernesto Jodos toma cuatro piezas de Alberto Williams, del ciclo Aires de la pampa, aclarándose que se trata de una versión libre, acorde a la formación jazzística de este intérprete. Finalmente, Lito Vitale interpreta la Estrellita federal de Ernesto de los Santos, en tanto Carlos Aguirre rescata la Ronda del pececillo de plata de Salvador Axenfeld.

Hubo quienes no vieron con buenos ojos que un registro de estas características, ligado al recupero de un acervo musical importantísimo, como éste que la Biblioteca Nacional puso finalmente a disposición del público, incluyera una lectura tan libre como jazzeada de piezas de un compositor académico como Williams. Pero esta es una cuestión de concepto. Habrá quienes piensen que la música escrita debe ser respetada al pie de la letra y quienes, por el contrario, tengan una mirada más dinámica y abierta sobre el particular. En cualquiera de los dos casos, lo relevante aquí es que esas partituras no se hayan perdido, y que hoy estén allí, al alcance de quien desee consultarlas, para tocarlas luego, ya sea que lo haga literalmente o con los giros estilísticos que desee.

Y ojalá todo esto sea no más que el puntapié inicial de una tendencia que eche profundas raíces en nuestra idiosincracia cultural.

En la muestra de audio que incluimos de esta edición, pueden escucharse dos valses de Alberdi grabados por Gandini (el primero titulado La candorosa y el otro sin título, identificado como Vals I) y la versión que de Zambas Op. 78 Nº 3 de Alberto Williams grabó Ernesto Jodos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Remo Pignoni Inédito






Siempre nos preguntamos por los límites que separan la música académica, a veces mal llamada "clásica" y otras veces "erudita", de la música que encuentra sus raíces en lo popular. Y con el tiempo y las músicas que vamos escuchando cada vez nos convencemos más de que dichos límites, para el caso de que en verdad existan, son por lo menos muy inciertos.

En el caso del Remo Pignoni (1915-1988), músico santafecino, nacido en Rafaela, escasamente conocido por el público si se consideran sus méritos, su exploración del folclore argentino fue decididamente vanguardista, abordando las diferentes formas de la música popular desde su formación académica.

Cuando falleció, el 15 de mayo de 1988, alguien notó que había cerca de un centenar de composiciones de Pignoni, casi todas sin editar y sin haber sido nunca grabadas. Hasta que la pianista Patricia Pamberti escogió 20 de esas piezas para conformar el repertorio de este CD, un disco de música argentina, a medio camino entre el folclore y lo académico, donde las formas son respetadas, pero también enriquecidas desde el lenguaje musical.

Se ha comparado a Pignoni con figuras de la talla del "Cuchi" Leguizamón o Astor Piazzolla. Las comparaciones, en todo caso, suelen ser odiosas e inapropiadas. Pero es cierto que al igual que sus admirados Horacio Salgan, Manolo Juárez y Carlos García, Pignoni desarrolló una música popular de avanzada que aún no ha sido suficientemente conocida ni valorada, y este disco es un aporte muy valioso en dicho sentido.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Alejandro Miniaci - Guitarloops






Durante mucho tiempo se discutió, y todavía se sigue discutiendo en algunos ámbitos, dónde reside la belleza de la música. Algunos han señalado que la música no puede tener un mensaje objetivo, como el que sí podrían tener la literatura o las artes plásticas. Que el objetivo de la música no es describir ninguna cosa en particular, sino que se trata sólo de un conjunto de sonidos, organizados de determinado modo.

Esta manera de pensar nos conduce a revalorizar la música como una estructura, por una parte. Y por la otra, a la idea de producir sonidos que sean bellos en sí mismos, para posteriormente jugar con ellos, variándolos, repitiéndonos como en una espiral sonora, en cuya evolución van sucediendo cosas. A veces esta evolución es rápida. Pero en otros casos, como contradiciendo la velocidad característica de nuestro tiempo, se da de una manera paulatina, como si cada nueva frase, como si cada nuevo sonido, se decidiera a ocupar el lugar que le corresponde sólo después de un rato de haber estado reflexionando sobre la cuestión. Y tal vez allí resida una de las posibles formas de la belleza musical: en una lenta evolución de un par de sonidos y estructuras simples, que de por sí nos resulten atrapantes.

Este es el concepto con el cual parece trabajar el guitarrista argentino Alejandro Miniaci, un cultor de las guitarras eléctricas y del concepto de loop, vale decir una retroalimentación constante de un sonido que se reitera, casi minimalmente, para ofrecer en su lenta evolución un atractivo particular. La pista que ofrecemos como muestra, titulada "Replegarse", es un buen ejemplo de lo dicho. Y también es un testimonio de que en nuestro tiempo instrumentos como una guitarra eléctrica pueden favorecer propuestas acústicas alternativas de verdadero interés musical.

Para quien desee conocer más sobre la música de Miniaci, puede hacerlo a través de su página web, www.miniacialejandro.com.ar o de su espacio en Myspace.

sábado, 19 de julio de 2008

12. Angelica Olcese - Teresa Cibils










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No tan conocida como acaso debería serlo entre el público latinoamericano, la poetisa chilena Angélica Olcese enfrenta el desafío de tratar en su obra cara a cara con uno de los temas más oscuros que se puedan proponer: el de nuestra propia finitud. El hombre carga con el dudoso privilegio de vivir consciente de que dispone de un tiempo de vida limitado, sin saber sin embargo el por qué ni el para qué de su presencia aquí en el mundo. La mayoría de las personas recurren al fácil trámite de la negación durante la mayor parte de sus vida. Es como si por no hablar de esta cuestión lograran cambiar las cosas. Angelica Olcesce, en cambio, con valentía, o quizás a pesar suyo, aborda el tema de lleno. Pero lo curioso es que muy a pesar de lo oscuro de la temática, su mirada no deja de ser por momentos luminosa.

Cuando María Teresa Cibils conoció la poesía de Angélica, le propuso un desafío: convertir algunos de esos poemas en canciones. La propuesta suponía la dificultad de trasladar esa luminosidad evasiva a la música, para compensar el trasfondo difícil de las palabras, que expresan cosas acerca de las cuales la mayor parte de las personas no desea escuchar demasiado. El resultado fue adecuado. Y quedó plasmado en las nueve canciones que integran el disco "La mano que escribe", que es el título de uno de los nueve poemas escritos por Olcese que sirvieron como base a este ciclo que la propia Teresa se encarga de cantar, acompañada por la guitarra de Ernesto Algranati.

Ha sido una sorpresa conocer a estas dos artistas, la poetisa a través de sus textos, la compositora a través de las melodías y el canto; ambas se han complementado para hacer nacer estas palabras y sonoridades, de las cuales hemos querido compartir estas dos, tituladas ¿Quién martillará donde no hay clavos? y Demasiado lejos. Acaso la melodía sea, finalmente, una respuesta posible a esa pregunta que el texto plantea desde la palabra: Quién me ayudará a cruzar con tibia mano / a remontar la cuesta de la no vida / quién será mi guía cuando estalle / en la no alumbrada pesadilla.

Más información sobre esta edición:
mariateresacibils@gmail.com

miércoles, 9 de julio de 2008

11. Issac Albéniz - Suite Iberia











Su nombre completo fue Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual. Nació un 29 de mayo de 1860 en Gerona, España, y sobre la base de la música popular de su país desarrolló sus mejores composiciones pianísticas, que algunos han comparado con las creaciones de Chopin. La Suite Iberia, integrada por doce Impresiones repartidas a su vez en cuatro Cuadernos, es quizás su obra de mayor madurez y aliento. Compuesta en París sobre el final de su vida, entre 1905 y 1909 (el año en que fallece), es una obra en cierto sentido nostálgica, y al mismo tiempo un compendio de sensaciones relacionadas con el sentir ibérico.

La Suite Iberia es de hecho un monumental homenaje musical a España, al punto que Gabriel Fauré llegó a señalar: “Aquello que cinco compositores hicieron por Rusia (en alusión a Balakirev, Rimski-Korsakov, Borodin, Mussorgski y César Cui), un sólo hombre fue suficiente para resumirlo en España”. Ese hombre, por supuesto, era Albéniz. Pero este homenaje no transita por lugares comunes sino que es, por el contrario, una expresión personalísima, siendo éste, precisamente, el gran valor de esta serie de piezas. Varias de ellas integran el repertorio habitual de numerosos pianistas, Triana y El Puerto entre ellas, pero otras son muy raramente ejecutadas, en parte debido a la enorme dificultad que exige su interpretación. En muchos pasajes, Albéniz recurre a la escritura en tres pentagramas en lugar de los dos que suelen ser utilizados en la composición para el piano; tal es el grado de densidad de algunos de los momentos de esta obra.

Es la pianista argentina Valentina Díaz-Frénot, residente en la República del Paraguay, la encargada de darle vida a esta Suite a través de una valiosa edición doble, distribuida en Argentina por Pretal. Alumna de Alicia de Larrocha -una especialista, precisamente, en la ejecución de esta obra- Frénot incluyó también en el disco la pieza titulada Navarra, que originalmente iba a formar parte de la Suite, aunque más tarde Albéniz, por motivos que no se terminan de comprender, haya decidido dejarla de lado. Musicalmente, según a menudo se ha señalado, esta pieza mantiene una coherencia global con el resto de aquellas que terminaron integrando oficialmente el trabajo.

“Nunca la música alcanzó a dar impresiones tan variadas, tan ricas de color. Uno cierra los ojos como deslumbrado ante la vista de tanta riqueza de imágenes. Hay muchas otras cosas más aun en estos cuadernos de Iberia, donde Albéniz ha puesto lo mejor de sí mismo y ha llevado su escrúpulo por la escritura hasta la exageración, impulsado por una necesidad generosa que lo llevó a tirar la música por las ventanas.” Cabe señalar que en este caso se trata de una opinión autorizada, tanto como que fue proferida por Claude Debussy.

La pieza seleccionada en el audio aquí incluido es Almería, y pertenece al Segundo cuaderno de la Suite.

sábado, 24 de mayo de 2008

10. Luis Eduardo- Orias Diz - Kammermusik









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Los melómanos que vivimos en este presente somos afortunados. En cualquier otra época, para disfrutar de una obra musical, cualquiera fuese la variedad a la que perteneciera, era necesaria la presencia física del intérprete. Hoy en cambio tenemos a disposición discotecas, reales o virtuales, a la espera de que decidamos escuchar lo que nos venga en gana. Pero nuestro tiempo posee además el signo de la heterogeneidad. Y esto es algo de lo cual dan cuenta los dos últimos discos del guitarrista Luis Eduardo Orias Diz, quien se aboca a las diferentes sonoridades de la música del siglo XX.

Han sido dos los discos que, con poco tiempo de diferencia, ha producido este inquieto músico. El primero, titulado Kammermusik, incluye obras de Hans Werner Henze, Toru Takemitsu, Luciano Berio y Marcos Franciosi; en tanto el segundo, titulado Interludio, a dúo con su colega Adam Khan, ofrece composiciones de Walter Heinze, Leo Brower, John Duarte y Steve Marsh. Lo que ambos discos tienen en común, más allá de que todos estos autores resultan prácticamente contemporáneos, es la consecuente heterogeneidad acústica. Es por eso que la música que hemos seleccionado en este caso no resulta estrictamente representativa de estos dos discos, sino en todo caso lo que más tuvimos ganas de escuchar al momento de elegir.

La primera pieza es una interesantísima transcripción para guitarra de Clapping Music de Steve Reich, compositor estadounidense (n. 1936) muy afecto al minimalismo. La última, una pista del CD Interludio: el número final de la Suite inglesa compuesta por el británico John Duarte (1919-2004). En medio de estas dos piezas instrumentales, las dos primeras canciones del ciclo Folk Songs del italiano Luciano Berio (1925-2003), en un arreglo que nunca antes había sido llevado al disco, con la participación de la mezzo Cecilia Pastorino y los integrantes de la Compañía Oblicua de Marcelo Delgado. Cabe señalar que para componer estas piezas -once en total- Berio trabajó sobre materiales provenientes de las tradiciones populares de diferentes países y regiones, dando cuenta de otra de las particularidades de nuestra estética contemporánea: la libertad del compositor contemporáneo de recurrir a las sonoridades de culturas cuyos orígenes se pierden en el tiempo. Uno de los efectos de lo postmoderno, o de la así llamada globalización, es que nada nos resulte del todo ajeno.

Es posible, aunque no probable, que no todas las pistas de estos dos discos sean del gusto del eventual oyente. Pero en ambos casos se trata de buenos ejemplos de la heterogeneidad estilística de un tiempo que, como ya hemos dicho más arriba, nos tiene como protagonistas privilegiados.

miércoles, 26 de marzo de 2008







Porque el canto es ante todo comunión. Y porque si este blog es, ante todo, un medio de comunicación, debería servir para dar a conocer lo que hace la gente más cercana a quien en este blog escribe, es que en esta ocasión no hacemos referencia a ningún disco, sino que los invitamos a conocer a estas dos chicas que han comenzado a recorrer el camino de la música y la canción. Ellas son Ana Paula Turica y Sofía Aristarain, también conocidas como el dúo La Poiera, y quienes quieran conocerlas, pueden escucharlas aquí.

Contacto: www.myspace.com/duolapoiera

domingo, 23 de marzo de 2008

9. Susana Kasakoff - Piano Ex Machina










Hay ocasiones en que la música genera polémicas. Fue lo que sucedió hace algunos años en Argentina, cuando Charly García, un conocido músico popular, cerró un disco suyo con una versión sui generis del Himno Nacional. En realidad la idea no era nueva. Es famoso el registro que Jimi Hendrix realizó en Woodstock de The Star-Spangled Banner, el himno nacional de los Estados Unidos de América; y el grupo británico Queen incluyó una versión de Dios salve a la reina en uno de sus discos, si bien es cierto que en una versión mucho más respetuosa que la de los punk-rock Sex Pistols, que ésta sí causó un gran escándalo en su hora.

Pero en este caso quien se adueña del Himno Nacional Argentino lo hace desde un marco en cierto modo académico, y uno no sabe si atribuir la ausencia de voces escandalizadas a una improbable madurez del público o a la falta de difusión del trabajo en cuestión, de seguro menor a la que pudo haber tenido en su momento el citado García. Ojalá sea, más allá de nuestros propios prejuicios, más de lo primero que de lo segundo.

Lo cierto es que este nuevo disco de la pianista Susana Kasakoff, editado por el sello BAU Records y titulado Piano Ex Machina, nos acerca cinco obras compuestas para medios electroacústicos, la primera de las cuales es esta OID firmada por Juan Pampín, donde lo mortal, lo que se oye, pretende ser un eco lejano de un canto a la muerte, propio de épocas pasadas de nuestro país, pero no tan lejanas como para que puedan caer en el olvido. ¿Qué mejor opción, entonces, que utilizar las notas del Himno argentino, trasfigurado de un modo crudo, inquietante, sorpresivo?

Obras de Nicolás Varchausky, Mario Davidovsky, Mariano Cura y el británico Jonathan Harvey completan esta edición inusual, que será particularmente apreciada por los cultores de la música contemporánea con medios mixtos. Pero no hay duda de que la obra de Pampín, aunque más no sea por la familiaridad de los materiales con los cuales trabaja, acaparará especialmente la atención del eventual oyente.

Más información sobre el catálogo BAU Records:
www.baurecords.com.ar

miércoles, 12 de marzo de 2008

8. Karina D'Arino - Sobre mis alas









Puede que resulte antipático decirlo, pero el jazz, cuando es cantado, debería ser siempre cantado en inglés. Es que por más que la música se aun lenguaje universal, cada idioma tiene una cadencia, una musicalidad, un ritmo que le resultan propios. Y hay géneros musicales, como en este caso el jazz, que nacen empatados con un idioma en particular, y su traslado a otro siempre dejará un sabor por lo menos extraño.

Más allá de eso hay que decir que Karina D'Arino tiene una muy buena voz, y sabe qué hacer con ella. Además, para su primer disco, que tituló "Sobre mis alas", organizó un trío de primera línea, con Alfredo Romus en contrabajo, Manuel Fraga en piano y Oscar Giunta en batería. También el repertorio es interesante, con covers de temas de Joni Mitchell(Black Crow) y Tom Waits (Temptation), junto a clásicos del género como Nature Boy, Speak Low o Fly me to the Moon.

El único punto flojo es, como se fijo, que Karina haya traducido dos de las canciones incluidas al castellano. Aunque esto no obsta, como puede de hecho verse, a que los invitemos a conocer este material. Las dos pistas de muestra que ofrecemos (ambas en inglés, por supuesto) son Black Crow y Nature Boy. Pero los méritos de este disco, una producción absolutamente independiente, se extienden más allá.

Para conseguir este disco:
karina_darino@hotmail.com

miércoles, 6 de febrero de 2008

7. Zaida Saiace - Tango Novelle











¿Para quién se hace un disco? ¿Se hace para el público o se elabora para el propio artista? Esta es la pregunta que nos surge luego de escuchar el nuevo disco de la pianista argentina Zaida Saiace, que acaba de editarse a través del sello MDR.

La otra cuestión sería: ¿Quién es Zaida Saiace? ¿Qué música cabe esperar de esta pianista argentina, que viajó en su momento a París con una beca del Mozarteum Argentino, que más tarde se radicó en Alemania, donde fue grabada buena parte de este disco, que escribe Lieder (canciones de cámara en alemán) y se siente tan cómoda con Guastavino, que ama a Piazzolla y se codea con Gismonti, que mezcla géneros e instrumentos como si las fronteras para ella no tuvieran sentido?

Ambas cuestiones están relacionadas. Zaida Saiace acaso es todo lo antedicho porque si rinde cuentas de lo que hace, las rinde principalmente a ella misma. Cualquier artista se alegra, y no podría ser de otro modo, cuando lo que hace le gusta a alguien, pero Zaida no condiciona su música a la exigencia de un público. Cuando uno lee las notas incluidas en el booklet de este disco, se da cuenta que está accediendo, también en el disco, a una especie de diario personal. Y entiende el verdadero sentido de aquel disco anterior suyo titulado "Diario de pianista".

Aquí la libertad es incluso mayor que en aquel anterior registro. Conviven Guastavinos y Piazzollas con composiciones propias y de músicos populares (Pablo Paredes y Remo Pignoni), homenajes a Alemania y a Salgán, piezas tocadas en piano solo y otras con la colaboración de Pablo Mainetti en bandoneón, Horacio López en percusión, Fernando Galimany en contrabajo y también Lidia Borda con su voz (y este disco será una de las pocas ocasiones que el oyente tenga de escucharla cantando en alemán).

Galimany y Borda son, precisamente, quienes acompañan a la pianista en la estupenda versión de la Milonga sin palabras de Piazzolla que hemos incluido aquí para escuchar, enmarcada por dos piezas de Carlos Guastavino: Casandra, de la calle Galileo al principio, y Damián, de la calle Malabia después. No por nada Egberto Gismonti se declaró admirado por esta versión de la milonga piazzolliana, lo cual no es poco decir.

Más información sobre el catálogo MDR:
www.mdrrecords.com.ar

lunes, 28 de enero de 2008

6. Ernesto Jodos Trío - Homenaje a Lennie Tristano








Ernesto Jodos Trío: Two, not one (Lennie Tristano)

Hay quienes dicen que es el mejor pianista de jazz que ha dado la Argentina después del legendario Enrique Villegas, pero él se resiste a la comparación: “En la música no debe existir esa clase de competencias. Y además me parece que hay en Buenos Aires muy buenos pianistas que hacemos jazz, cada uno a su manera.”

Entre sus proyectos se contó un dúo de improvisación con Gerardo Gandini y el trío Cambio de celda, con Martín Iannaccone en violoncello y Sergio Verdinelli en percusión. Pero Jodos aborda en este caso un repertorio más tradicional, que no lo muestra a él como compositor, sino como intérprete. Este nuevo disco en formación de trío, con el talentoso Hernán Merlo en contrabajo y Eloy Michelini en batería, homenajea a Lennie Tristano y otros músicos cercanos a él, como Lee Konitz o William Bauer. En este disco, más allá de lo musical -que el oyente podrá juzgar por sí mismo- hay dos cuestiones para destacar. Primero que la filial de un sello multinacional como Sony Music le brinde su apoyo a un músico argentino como Ernesto Jodos. Y segundo, el rescate en sí mismo de una figura como la de Lennie Tristano (1919-1978), quien era precisamente alguien poco afecto a las disqueras.

Hijo de inmigrantes italianos, una enfermedad congénita hizo que Tistano se quedara ciego a los nueve años. En una escuela para invidentes recibió sus primeras nociones de música y aprendió a tocar varios instrumentos. Más tarde ingresó al American Conservatory de Chicago. Hay quienes dicen que si finalmente se dedicó al jazz, en vez de a la música clásica, fue por necesidad de ganar dinero con relativa rapidez. Aunque también tuvo que ver con esto el haber escuchado a Duke Ellington. A finales de la década de 1940, su nombre equivalía, en el terreno del jazz moderno en piano, a lo que Charlie Parker era en el saxo alto.

Volviendo al Mono Villegas, él decía que no puede hablarse con propiedad de un jazz argentino, sino en todo caso de músicos argentinos que hacen jazz. También sostenía que él no era un pianista de jazz, sino pianista a secas. Ernesto Jodos admite su acuerdo con la primera parte de este asunto, pero se considera en cambio un pianista de jazz. "La esencia del jazz es improvisar. Si no hay improvisación, decididamente no habrá jazz. Pero lo hay allí donde se inventan melodías, armonías y ritmos en el momento, con o sin una base predeterminada. Pero más allá de estas cuestiones la música es música, y es buena o es mala, sonará bien o sonará mal, y el resto dependerá de los gustos."

Para más información sobre este disco y el intérprete:
www.ernestojodos.com.ar

domingo, 13 de enero de 2008

5. Tutto Fellini










¿Qué es un clásico? En música, tanto puede tratarse de una obra compuesta durante el clasicismo, como de una pieza musical que superó el desafío del paso del tiempo. Clásico es Mozart, lo mismo que Haydn, por haber vivido en la segunda mitad del siglo XVIII. Pero clásicos (claro está que en un sentido muy diferente de la palabra) son también Frank Sinatra o Los Beatles. Y si los clásicos de la antigüedad componían en ocasiones músicas para acompañar diferentes acciones escénicas en un teatro, los clásicos del siglo XX muchas veces hicieron lo propio para el cine.

La relación de la música con el cine es particular. Concebida en su origen como un soporte audible para las imágenes, para darles cierto dinamismo o generar algún clima en orden a lo dramático, en algunas ocasiones cobran un peso propio, cuando no se independizan directamente. En el caso de las películas de Federico Fellini, es casi imposible pensarlas por fuera de la relación que vincula las imágenes con la música de Nino Rota, sea que hablemos de La Strada, La dolce vita, Boccaccio 79, el Satiricón, Apuntes de un director, 8 1/2, Amarcord o Ensayo de orquesta, por nombrar sólo algunas de las más conocidas.

Este particular matrimonio artístico es rescatado por una edición discográfica doble que en la Argentina es presentada por el sello Acqua Records, con música de las bandas originales de las 23 películas del genial director. Y lo curioso es que resulta difícil determinar si lo clásico de estas músicas (que no radica por supuesto en el lenguaje musical propiamente dicho) corresponde en sí a lo que se escucha o, por el contrario, a lo que alguna vez se vio en el cine mientras estas piezas sonaban. Lo señaló alguna vez el propio Fellini: "La música de mi preciado colaborador y gran amigo, Nino Rota, está tan profundamente atada a mis personajes y a las historias que he contado que las hacen revivir en la memoria y en el sentimiento en la forma más tocante y sugestiva". Aunque siendo el recorrido de este disco exhaustivo, también se incluyen músicas compuestas por otros colaboradores de Fellini, como Felice Lattuada, Gianfranco Plenizio, Nicola Piovani y el argentino Luis Bacalov.

El audio de muestra elegido corresponde a la musica compuesta por Nino Rota para la película Ensayo de Orquesta.

Más información sobre el catálogo de Acqua Records:
www.acqua-records.com.

jueves, 10 de enero de 2008

4. Trío Luminar - Mozart: Trío Sonata













Hay que decir que en la Argentina existen los buenos intérpretes de música académica, tanto como los buenos compositores, en una tradición que a pesar de no ser tan extensa como la europea, por obvias razones históricas, ofrece de todos modos nombres de gran relevancia. Si estos intérpretes y estos compositores no son más difundidos, es en buena medida debido a que la industria discográfica local ha tenido la costumbre de replicar lanzamientos internacionales antes que priorizar las ediciones propias. Existen por supuesto excepciones, pero fue necesario que algunos sellos independientes tomasen la iniciativa para que lentamente comenzaran a aparecer valiosos discos de artistas clásicos argentinos. Por supuesto, no sería razonable pretender que todo lo editado por tales sellos sea bueno y valga la pena. Lo mismo que sucede con los discos de una gran multinacional, es necesario saber buscar y elegir. Por este motivo es que destacamos este reciente lanzamiento del sello Tradition, que sín duda se cuenta entre lo que vale la pena conseguir y escuchar.

Fundado en el año 2000, el Trío Luminar está integrado por tres de las mejores instrumentistas de cámara argentinas: Marcela Magín en viola, Lucrecia Jancsa en arpa y Patricia Da Dalt en flauta travesera. El disco, el segundo editado por el ensamble, ofrece un repertorio variado, que abarca desde cinco piezas de Luis Gianneo y el Poema del pastor coya de Angel Lasala, hasta la Suite popular española de Manuel Moreno Buendía, pasando por Jaques Ibert (Dos Interludios), Arthur Honneger (Pequeña Suite) y Carl Philipp Emanuel Bach (Dos Minués y una Polonesa).

Pero la perla del disco es -no podía ser de otra manera- una sonata de Wolfgang Amadeus Mozart, que en realidad no fue concebida como trío, sino como un dúo para violín y viola, catálogo Köchel 423. La transcripción para esta combinación instrumental, que resulta tan intimista como atractiva, fue elaborada por el compositor húngaro Deszö D'Antalffy (1885-1945). Pero hay que señalar que la instrumentación escogida no resulta en absoluto ajena a Mozart, quien en 1778 compuso un concierto para arpa, flauta y orquesta (K. 299), del cual se hicieron reducciones que de hecho emparentan ambas obras.

Esta sonata a trío se desarrolla en los tradicionales tres movimientos Allegro, Adagio, Allegro. De los cuales hemos escogido, para escuchar aquí, el primero.

Para comprar este disco o conocer más sobre él:
www.cdtradition.com.ar

martes, 8 de enero de 2008

3. Doña Furia Gaucha - Fer Isella & Makanudos











Es difícil ser "el hijo de". Sobre todo cuando se trata, tanto en el caso del padre como del hijo en cuestión, de dos artistas. Porque las comparaciones, que por lo general son odiosas, se vuelven además inevitables. En estos casos, lo mejor para el hijo es intentar diferenciarse lo más posible de su progenitor, hacer claramente su propio camino, para intentar alcanzar un lugar que le sea legítimamente propio.

Y esto es lo que consiguió hacer Fer Isella, hijo del popular folclorista Cesar Isella, que acaba de editar su disco compacto titulado Doña Furia Gaucha. Se trata de un disco de folclore, finalmente, pero tan alejado del modelo paterno que nadie podrá acusar al artista de intentar usufructuar la fama de su apellido.

Isella recurre a una fórmula de fusión en sus composiciones, donde el folclore argentino se mezcla con instrumentos eléctricos, procesadores y elementos tomados de otros géneros, primordialmente el jazz contemporáneo. El resultado es un disco atractivo, joven y fresco, en el cual predomina lo instrumental por sobre lo cantado, con mayoría de composiciones propias. Llaman de inmediato la atención, por lo atípico, algunos títulos (Music for white backgrounds, Mil alergias, Be quiet...), que dan cuenta de la intención general del trabajo. Así como también una vidala norteña cantada en inglés, que hemos escogido para escuchar aquí junto con una pieza instrumental titulada Turn over. Tampoco faltan las versiones de temas ajenos, y así es como se incluyen estupendas miradas sobre La juguetona de los Hermanos Abalos y La arenosa del Cuchi Leguizamón, y como bonus track Canción de lejos, de Isella padre y Armando Tejada Gómez.

La edición, de carácter independiente, da cuenta de la experiencia del músico como productor para el sello Sony en la ciudad de Nueva York. Y cabe mencionar la inclusión de un booklet visualmente muy llamativo, que inusualmente elige priorizar el arte gráfico por sobre las habituales notas.

Para conocer más sobre este disco:
www.ferisella.com / www.limbo-music.com