viernes, 20 de febrero de 2009

Leo Masliah - Piano + Arboles







Triste es en ocasiones el destino del humorista. Y por paradójica que pueda parecer esta sentencia, no deja de tener su verdad. Porque del humorista siempre se espera el chiste, incluso cuando éste pretenda hablar en serio. La gente no espera del humorista que sea serio; lo que espera es la broma. Entonces, cuando esto no se da así, pueden pasar dos cosas: o que la gente se frustre, esperando el chiste que no llegará, o que aparezca aquel que creyéndose más sagaz que el resto elogie la fina ironía, adivinando un supuesto chiste que se cuela casi imperceptible por la aparente seriedad del humorista, a quien cree en el papel de quien habla en serio pero no, cuando la verdad es que sí. Como se ve, los tres personajes que aparecen aquí, vale decir el humorista-que-habla-en-serio (a quien en adelante llamaremos HQHES, para abreviar), el que se frustra por no tener su chiste (y por ende no escuchó lo que el HQHES tiene para decir), y el supuesto sagaz que encuentra el chiste allí donde el HQHES no pretendió hacer ninguno, terminan jugando el papel de tontos. Y es por esta razón que el humorista, cuando se convierte en un HQHES, molesta a la gente, que suele preferirlo en su papel habitual.

Este mismo panorama se da cuando el humorista en cuestión hace música, como es el caso del uruguayo Leo Maslíah. Pero claro, en este punto hay que decir también que toda moneda tiene dos caras, y en este caso la otra cara de la moneda es reconocer que en el verdadero humorista existe siempre un cierto gesto casi compulsivo, que suele darse incluso sin que él mismo lo note o lo quiera, que lo lleva al terreno de la broma, del doble sentido. Que después de todo por algo es que el tipo terminó siendo humorista, en lugar de convertirse en proctólogo o en abogado. Vale decir que, sin pretender convertirnos en el sagaz que descubre un chiste donde no está, la cuestión es que incluso haciendo música en serio (o mejor dicho: música-sin-broma), como se da en el caso de estos dos discos recientemente editados por el sello Epsa, Leo Masliah no puede dejar de lado su gesto irónico.

Tanto Arbol como Piano son dos discos íntegramente instrumentales. El primero para un grupo de cámara y el segundo, como podrá adivinarse (no hay en el título ninguna ironía), para piano solo o casi, excepción hecha de la participación de Pablo Somma en flauta en una bonita versión de 'Round midnight de Thelonious Monk. Y casi todas las piezas fueron compuestas por Masliah, excepción hecha, en el segundo disco, de cuatro standards de jazz (entre ellos el citado) y una caótica versión del tango Los mareados. Para quien conozca la obra de Masliah, sabe que el término caótico no es aplicable aquí en un sentido despectivo, sino meramente descriptivo. Masliah es un buen músico. Pero su trabajo transita por un terreno hecho de contrastes que nos remiten al minimalismo, mezclado con el jazz, con la música académica, algo de serialismo, un toque de música urbana, y es precisamente en esta mezcla donde uno está tentado a descubrir el chiste. Pero no es ningún chiste, sino sólo un gesto irónico. Que revela que estos discos llevan la marca de autenticidad de quien los hizo. Lo cual no es poco decir.

La muestra de audio que ofrecemos presenta, en primer lugar, Asamblea vegetal, que es la pieza que abre el disco Arboles, y luego un ejemplo de Leo Masliah como intérprete de standards en una versión de Body and soul.

martes, 3 de febrero de 2009

Martín Devoto: De Bach al Ruido







Existe una serie de relaciones obvias entre la música y el tiempo. Por de pronto, la música existe como tal sólo mientras transcurre, vale decir, en tanto suena, lo cual supone su desarrollo en el tiempo. Luego está lo que acontece en términos históricos, que es lo que nos lleva a considerar, por ejemplo, que una determinada obra pueda ser catalogada como un clásico una vez que ha logrado superar el paso de los años. Y en este sentido también está el concepto de tiempo como sinónimo de época, que es de lo cual nos habla Wassily Kandinsky cuando en su libro De lo espiritual en el arte dice que la sensibilidad de una cultura deriva siempre de su tiempo. Por eso nos preguntamos cuál será la sensibilidad de nuestra actual cultura, ubicada en el impreciso terreno de la postmodernidad.

El cellista argentino Martín Devoto ha editado, a través del sello BlueArt, un programa que combina obras del gran maestro del barroco, Johann Sebastian Bach, con otras músicas de distintos compositores del siglo XX. El programa, integrado exclusivamente con obras para violonchelo solo, se inicia con la Suite BWV 1010 de Bach y se extiende luego a través de cinco autores contemporáneos: Carmelo Saitta, Luciano Berio, Kaika Saariaho, Helmuth Lachenmann y Krzystof Penderecki. El resultado es un interesante recorrido por una secuencia estética progresiva que nos lleva -tal es lo que explícitamente propone el título de la edición- de la música de Bach al ruido.

Así, la audición de este disco nos enfrenta a un tiempo dual: está por un lado ese presente en el cual uno escucha la obra del pasado, compuesta por Bach acorde a la sensibilidad de su época, y por el otro el tiempo presente en el cual escuchamos las obras escritas por nuestros contemporáneos Carmelo Saita, Luciano Berio, Kaija Saariaho, Helmut Lachenmann y Krzystof Penderecki, a partir de una sensibilidad por completo diferente. Porque más allá de las relaciones que puedan plantearse, lo cierto es que allí donde Bach transmite una armonía espiritual, las palabras que mejor describen los trabajos de los restantes compositores tal vez sean inquietud y zozobra. Y en este sentido, anímicamente, se ubican en las antípodas de la música de Bach.

¿Será acaso éste el signo de la sensibilidad de nuestro tiempo? ¿La inquietud y el desasosiego? Sin embargo, también Bach sigue integrando nuestra experiencia. ¿Será acaso la posibilidad de abordar una pluralidad de formas?

Carmelo Saitta escribe en las notas al disco: “La música del siglo XX se ha replanteado no sólo el tradicional concepto del tiempo, problema fundamental de las artes temporales, sino también el del espacio y la materia. ... El sonido ya no es un mero soporte sino el punto de partida de la composición. El compositor compone primero el sonido y éste ya no es solamente armónico.” Y este es, precisamente, el punto que revela el título de la edición, que nos coloca quizás ante el punto central de la disyuntiva: Bach de un lado, algo que se reconoce como ruido del otro... Por supuesto que no hablamos de ruido, propiamente dicho. Hablamos en realidad de la sensibilidad y del tiempo.

Para escuchar proponemos dos ejemplos contrastantes: primero, un número de la Suite para cello solo BWV 1010 de J.S. Bach... Y luego el Capriccio per Siegfried Palm, de Krysztof Penderecki.

sábado, 3 de enero de 2009

Marco Sanguinetti: Los Procesos de Franz






Seamos absolutamente honestos: de no haber sido porque sabemos que "Los procesos de Franz" es la música de un espectáculo realizado a partir de la obra literaria de Franz Kafka, acaso no se nos hubiese ocurrido calificar las piezas incluidas en este disco de "kafkianas", como de hecho estamos dispuestos a hacerlo. Porque lo cierto es que el calificativo cae aquí como anillo al dedo. El piano avanza y retrocede, juega con los silencios, con los tempos, va resolviendo la música por territorios no siempre reconocibles a primera vista, por momentos incluso contradictorios. De alguna manera, queda en claro en estas piezas que el otro oficio del pianista y compositor que es Marco Sanguinetti es el diseño. Sin embargo, la música que en este caso se revela como un artificio, se aprecia no sólo por su ingenio, sino también por su condición.

Es necesario señalar que estamos ante un álbum de música incidental. La obra ha sido concebida originalmente para ser un espectáculo coreográfico, del cual el pianista, más allá de la interpretación musical, es también protagonista. Confesamos en este sentido no haber visto la puesta en cuestión. Lo cual nos deja en una situación de cierta inocencia que nos legitima para poder evaluar la música librada a su propia suerte. Que así es como en definitiva se escucha un disco. Y podemos asegurar, en este sentido, que despojada de toda referencia escénica, la música de Sanguinetti se sostiene por sí sola y merece ser escuchada.

Para quien haya escuchado "Improvisiones", el primer disco de Sanguinetti, no encontrará aquí más de lo mismo. Las referencias musicales aquí son más inciertas. En todo caso, el piano revela mucho más su condición de instrumento percutido e incluso queda clara la intención de generar una teatralidad donde las claves propias del jazz aparecen todo el tiempo, pero a la vez tangencialmente, liberadas de los cánones estipulados para el género. Recién sobre el final, una vez terminada la música de la obra, que en definitiva es breve y justifica la inclusión de un material adicional que complete de algún modo el disco, aparece el Marco Sanguinetti que ya el público conocía. A través de la Improvisación para nueve dedos que es, precisamente, la que quisimos compartir en audio con ustedes en esta ocasión.