sábado, 19 de julio de 2008

12. Angelica Olcese - Teresa Cibils










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No tan conocida como acaso debería serlo entre el público latinoamericano, la poetisa chilena Angélica Olcese enfrenta el desafío de tratar en su obra cara a cara con uno de los temas más oscuros que se puedan proponer: el de nuestra propia finitud. El hombre carga con el dudoso privilegio de vivir consciente de que dispone de un tiempo de vida limitado, sin saber sin embargo el por qué ni el para qué de su presencia aquí en el mundo. La mayoría de las personas recurren al fácil trámite de la negación durante la mayor parte de sus vida. Es como si por no hablar de esta cuestión lograran cambiar las cosas. Angelica Olcesce, en cambio, con valentía, o quizás a pesar suyo, aborda el tema de lleno. Pero lo curioso es que muy a pesar de lo oscuro de la temática, su mirada no deja de ser por momentos luminosa.

Cuando María Teresa Cibils conoció la poesía de Angélica, le propuso un desafío: convertir algunos de esos poemas en canciones. La propuesta suponía la dificultad de trasladar esa luminosidad evasiva a la música, para compensar el trasfondo difícil de las palabras, que expresan cosas acerca de las cuales la mayor parte de las personas no desea escuchar demasiado. El resultado fue adecuado. Y quedó plasmado en las nueve canciones que integran el disco "La mano que escribe", que es el título de uno de los nueve poemas escritos por Olcese que sirvieron como base a este ciclo que la propia Teresa se encarga de cantar, acompañada por la guitarra de Ernesto Algranati.

Ha sido una sorpresa conocer a estas dos artistas, la poetisa a través de sus textos, la compositora a través de las melodías y el canto; ambas se han complementado para hacer nacer estas palabras y sonoridades, de las cuales hemos querido compartir estas dos, tituladas ¿Quién martillará donde no hay clavos? y Demasiado lejos. Acaso la melodía sea, finalmente, una respuesta posible a esa pregunta que el texto plantea desde la palabra: Quién me ayudará a cruzar con tibia mano / a remontar la cuesta de la no vida / quién será mi guía cuando estalle / en la no alumbrada pesadilla.

Más información sobre esta edición:
mariateresacibils@gmail.com

miércoles, 9 de julio de 2008

11. Issac Albéniz - Suite Iberia











Su nombre completo fue Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual. Nació un 29 de mayo de 1860 en Gerona, España, y sobre la base de la música popular de su país desarrolló sus mejores composiciones pianísticas, que algunos han comparado con las creaciones de Chopin. La Suite Iberia, integrada por doce Impresiones repartidas a su vez en cuatro Cuadernos, es quizás su obra de mayor madurez y aliento. Compuesta en París sobre el final de su vida, entre 1905 y 1909 (el año en que fallece), es una obra en cierto sentido nostálgica, y al mismo tiempo un compendio de sensaciones relacionadas con el sentir ibérico.

La Suite Iberia es de hecho un monumental homenaje musical a España, al punto que Gabriel Fauré llegó a señalar: “Aquello que cinco compositores hicieron por Rusia (en alusión a Balakirev, Rimski-Korsakov, Borodin, Mussorgski y César Cui), un sólo hombre fue suficiente para resumirlo en España”. Ese hombre, por supuesto, era Albéniz. Pero este homenaje no transita por lugares comunes sino que es, por el contrario, una expresión personalísima, siendo éste, precisamente, el gran valor de esta serie de piezas. Varias de ellas integran el repertorio habitual de numerosos pianistas, Triana y El Puerto entre ellas, pero otras son muy raramente ejecutadas, en parte debido a la enorme dificultad que exige su interpretación. En muchos pasajes, Albéniz recurre a la escritura en tres pentagramas en lugar de los dos que suelen ser utilizados en la composición para el piano; tal es el grado de densidad de algunos de los momentos de esta obra.

Es la pianista argentina Valentina Díaz-Frénot, residente en la República del Paraguay, la encargada de darle vida a esta Suite a través de una valiosa edición doble, distribuida en Argentina por Pretal. Alumna de Alicia de Larrocha -una especialista, precisamente, en la ejecución de esta obra- Frénot incluyó también en el disco la pieza titulada Navarra, que originalmente iba a formar parte de la Suite, aunque más tarde Albéniz, por motivos que no se terminan de comprender, haya decidido dejarla de lado. Musicalmente, según a menudo se ha señalado, esta pieza mantiene una coherencia global con el resto de aquellas que terminaron integrando oficialmente el trabajo.

“Nunca la música alcanzó a dar impresiones tan variadas, tan ricas de color. Uno cierra los ojos como deslumbrado ante la vista de tanta riqueza de imágenes. Hay muchas otras cosas más aun en estos cuadernos de Iberia, donde Albéniz ha puesto lo mejor de sí mismo y ha llevado su escrúpulo por la escritura hasta la exageración, impulsado por una necesidad generosa que lo llevó a tirar la música por las ventanas.” Cabe señalar que en este caso se trata de una opinión autorizada, tanto como que fue proferida por Claude Debussy.

La pieza seleccionada en el audio aquí incluido es Almería, y pertenece al Segundo cuaderno de la Suite.